La Unión Europea dio luz verde al acuerdo con el Mercosur y avanza hacia la mayor zona de libre comercio del mundo
La aprobación política del acuerdo UE–Mercosur destraba un proceso de más de dos décadas y abre oportunidades comerciales relevantes, aunque el camino hacia la ratificación definitiva aún enfrenta resistencias y desafíos institucionales.

El Consejo de la Unión Europea aprobó de manera provisoria el acuerdo de libre comercio con el Mercosur despejando uno de los principales obstáculos políticos para su ratificación definitiva.
El respaldo mayoritario de los Estados miembro permitió destrabar un proceso que llevaba más de dos décadas de negociaciones y habilita la creación de una zona de libre comercio con más de 720 millones de consumidores y un PBI conjunto estimado en u$s22 billones.
El aval del Consejo abre el camino para la firma formal del tratado por parte de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto a los países del bloque sudamericano.
El avance fue posible tras concesiones clave dentro de la interna europea, especialmente para evitar una nueva minoría de bloqueo liderada por Italia. Con ese escollo superado, el acuerdo entra ahora en una etapa decisiva: la aprobación del Parlamento Europeo, donde se anticipa un debate complejo y resistencias políticas que podrían judicializar el proceso. Aun así, el respaldo institucional alcanzado representa un giro significativo para una iniciativa que había quedado empantanada por tensiones comerciales, ambientales y agrícolas dentro del bloque europeo.
El tratado llega en un contexto global marcado por el recrudecimiento del proteccionismo y la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China.
Para Bruselas, el entendimiento con el Mercosur cumple un rol estratégico: diversificar mercados, compensar los efectos de los aranceles estadounidenses y asegurar el acceso a alimentos, energía y minerales críticos. Para los países sudamericanos, el acuerdo promete una reducción gradual de barreras arancelarias sobre el 90% del comercio bilateral, con plazos de desgravación extensos que podrían potenciar las exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras.

No obstante, las resistencias persisten especialmente en Francia. El presidente Emmanuel Macron reiteró su rechazo al acuerdo por el impacto que podría tener sobre los productores agrícolas locales, en medio de fuertes protestas rurales. Si bien la Comisión Europea incorporó cláusulas sanitarias, ambientales y mecanismos de salvaguardia para atender estas preocupaciones, el camino institucional aún será largo. La ratificación en los parlamentos nacionales de ambos bloques podría extenderse durante meses o años, pero el aval político de la UE marca un punto de inflexión en la integración comercial birregional.
