El salto del petróleo abre oportunidades externas pero presiona la inflación local
La suba del precio del petróleo por la escalada del conflicto en Medio Oriente reconfigura el escenario energético global. Para Argentina puede implicar mayores ingresos por exportaciones, aunque también introduce nuevas presiones inflacionarias.

La escalada del conflicto en Medio Oriente impulsó una fuerte suba del precio internacional del petróleo y reconfiguró el escenario energético global. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y las posteriores represalias en la región, el barril de Brent trepó cerca de 17% en pocos días y alcanzó niveles próximos a los USD 90. En lo que va de 2026 el crudo acumula una suba cercana al 49%, impulsada principalmente por el riesgo geopolítico asociado al estrecho de Ormuz, por donde circula alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo.
El impacto de este shock energético tiene efectos ambivalentes para la economía argentina. Por un lado, la suba del crudo mejora la rentabilidad de las empresas del sector y fortalece el ingreso de divisas por exportaciones de energía. El país produce actualmente cerca de 860.000 barriles diarios y exporta alrededor de 300.000, por lo que precios internacionales más elevados pueden traducirse en mayores ingresos externos. Durante 2025 las exportaciones energéticas alcanzaron unos USD 11.000 millones y las proyecciones iniciales para 2026 apuntaban a USD 14.000 millones.

Con un precio del Brent unos USD 20 por encima de lo previsto, las estimaciones del sector indican que las exportaciones podrían sumar entre USD 3.000 y USD 4.000 millones adicionales si el nivel actual se sostuviera durante varios meses. Este escenario fortalecería el frente externo y aportaría divisas en un momento clave para la estabilidad cambiaria. Sin embargo, el impacto final dependerá de la duración del conflicto, ya que la suba del petróleo responde principalmente a factores geopolíticos y no a un desequilibrio estructural entre oferta y demanda.
Al mismo tiempo, el encarecimiento del crudo introduce presiones sobre los precios internos de los combustibles. Las refinadoras enfrentan mayores costos internacionales y parte de ese aumento podría trasladarse gradualmente al precio en surtidor de la nafta y el gasoil. En marzo, YPF aplicó un incremento de 3,2% en los combustibles, que se suma a la suba de 2,7% registrada en febrero, acumulando un ajuste cercano al 6% en lo que va del año. La evolución del conflicto será determinante para evaluar cuánto de este shock externo se trasladará a la inflación doméstica.
En perspectiva estratégica, la coyuntura también vuelve a poner en foco el potencial energético argentino. El desarrollo de Vaca Muerta y los proyectos de infraestructura, como el oleoducto VMOS que conectará Neuquén con Río Negro, apuntan a ampliar significativamente la capacidad exportadora en los próximos años. Además, el crecimiento de la demanda global de gas natural licuado abre una ventana para que el país se posicione como proveedor energético hacia la próxima década. En este contexto, el actual shock petrolero revela tanto la vulnerabilidad de la economía global a las tensiones geopolíticas como la oportunidad para que Argentina consolide su rol como exportador energético.
